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La experiencia estadounidense en la
gestión de la inmigración
Curso de posgrado sobre inmigración
Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional - CESEDEN
Lunes 24 de noviembre de 2008
La historia del pueblo estadounidense se puede analizar como la amalgama de
todos los pueblos del mundo en los últimos dos siglos.
Desde nuestro comienzo, inmigrantes con esperanza en sus corazones han llegado
en busca de una nueva vida en un nuevo mundo.
Algunos buscaban libertad para expresar su fe, otros huimos de dictaduras
opresivas, otros fueron en busca de oportunidades económicas, y otros
simplemente para ver cumplidos sus sueños.
Todos contribuyeron, contribuyen, y contribuirán a la evolución del mosaico que
es la sociedad estadounidense.
La inmigración y la historia de Estados Unidos
Nuestra historia está entrelazada con el impacto de oleadas de inmigrantes:
europeos, africanos, asiáticos, latinoamericanos, y otros muchos.
Entre ellos hemos encontrado a cristianos, judíos, musulmanes, budistas, hindúes
y de cuantas creencias puedan existir; y también a agnósticos, que eligen creer
en no creer.
Cada nuevo grupo de inmigrantes aporta algo especial a nuestra sociedad y nos
obliga a replantearnos, incesantemente, nuestro concepto de quiénes somos como
nación.
La isla de Ellis, en el puerto de Nueva York, fue la vía de entrada principal a
Estados Unidos para los inmigrantes que cruzaban el Atlántico.
Menos conocida es la isla del Ángel, en la Bahía de San Francisco, donde también
se recibió a un importante número de inmigrantes, en este caso procedentes del
Pacífico.
Por la isla de Ellis pasaron más de 12 millones de personas antes de que se
cerrara en 1954.
Se encuentra muy próxima a la Estatua de la Libertad, otro famoso símbolo de
bienvenida para aquellos recién llegados.
En la base de la estatua, una placa dice: "Dadme a vuestras muchedumbres
cansadas, pobres, hacinadas, que anhelan respirar en libertad…. Enviadme a los
que no tienen hogar, a los desamparados. Alzo mi lámpara junto a la puerta
dorada".
La isla de Ellis, la Estatua de la Libertad, y otros símbolos nos recuerdan
partes de nuestra historia como nación de inmigrantes.
La inmigración hoy en Estados Unidos
En general, Estados Unidos ha tenido una política de inmigración abierta. Cabe
decir que, en éste ámbito, hemos vivido etapas de excesiva apertura y, también,
de excesivo control.
Creo que ése es un proceso por el que pasan muchos países desarrollados. Existe
una dicotomía entre las necesidades económicas, públicas, y gubernamentales de
recibir inmigrantes y los sentimientos de xenofobia o de extremo temor a la
inmigración.
Esta fluctuación de los sentimientos puede deberse a factores externos, como hoy
puede ser el terrorismo. Otras veces a causas internas, como los retos de la
economía, ya en expansión o en recesión.
En Estados Unidos nos sentimos orgullosos de nuestro pasado como país de
inmigrantes. También entendemos la necesidad de controlar nuestras fronteras y
los flujos inmigratorios.
Nuestro debate legislativo sobre la reforma inmigratoria en años recientes y el
interés que ha suscitado el tema durante la campaña electoral demuestran que se
trata de un asunto que sigue pendiente de resolver.
Una cuestión tan polarizada nos garantiza que ninguna solución será
uniformemente popular.
Dados estos antecedentes, quisiera poner en contexto la política de inmigración
de la Administración del Presidente Bush.
Durante decenios, millones de personas indocumentadas en busca de trabajo en
nuestro país han cruzado nuestras fronteras, extensas y permeables, y en muchos
casos se han quedado sin resolver su ilegalidad.
En la práctica, muchas utilizan documentación falsa para conseguir trabajo, que
dificulta la verificación de su legalidad por los empresarios que les contratan.
Se estima que en Estados Unidos viven 12 millones de inmigrantes indocumentados.
Nos corresponde corregir las deficiencias y diseñar un sistema seguro, ordenado
y justo para regularizar ese fenómeno.
El Presidente Bush ha apoyado reformas integrales de la ley de inmigración que
lograrían cuatro objetivos principales:
• Primero: protección de nuestras fronteras. Ésta es una responsabilidad básica
de cada nación soberana.
Es, además, un requisito urgente para nuestra seguridad nacional. En ese marco,
tenemos un objetivo muy claro: la frontera debe permanecer abierta al comercio y
a la inmigración legal y cerrada a las actividades ilegales.
• Segundo: al mismo tiempo que protegemos las fronteras, debemos ampliar
nuestras leyes para permitir que los que trabajan ilegalmente puedan ser
regularizados como trabajadores temporales.
Hay que reconocer que las enormes presiones que llevan a muchas personas a
buscar trabajo y lograr una vida mejor chocan directamente con las limitaciones
a la inmigración legal. Nuestra compleja economía hace imperioso que contemos
con un programa ágil para que los extranjeros puedan solicitar trabajo temporal
a través de vías legales, de forma ordenada y por un tiempo limitado. Un
programa de este tipo satisfaría las variadas necesidades de nuestra economía y
proporcionaría a dichos inmigrantes una vía legal para permanecer en el país.
• Tercero: los empresarios deben asumir la responsabilidad de la legalidad de
los trabajadores que contratan. Contratar a alguien que no tiene derecho a
trabajar en Estados Unidos va en contra de la ley. Dicha ley establece penas de
multa y prisión. Para que las empresas puedan comprobar que la presencia de sus
empleados es legal, se ha creado un sistema voluntario para verificar por
Internet la condición legal del solicitante de trabajo.
• Y, por último, el cuarto objetivo es reconocer que aunque los millones de
inmigrantes indocumentados en Estados Unidos recibieran un permiso de trabajo
temporal, no estarían en vía directa a la nacionalidad estadounidense.
Ello sería percibido como una amnistía. El gobierno y gran parte del pueblo
estadounidense estarían en contra. Una amnistía sería injusta para aquellas
personas que entraron en Estados Unidos de forma legal. Asimismo, podría
producir un efecto “llamada” que atraería a otros inmigrantes indocumentados.
A menudo oigo la propuesta de deportar a todos y cada uno de los inmigrantes
indocumentados que hay en Estados Unidos. No estoy de acuerdo.
Considerar la expulsión de 12 millones de personas no sería ni realista, ni
prudente, ni práctico; a muchos niveles.
El duro debate continúa y oscila entre el polo de la concesión de la
nacionalidad a todos los inmigrantes indocumentados, y el de su deportación en
masa.
Espero que el Congreso encuentre el modo de mediar y dé por fin, al Presidente -
ya sea Bush o Obama – , una ley que pueda firmar y comenzar a ejecutar.
Asimilación y diversidad
Quisiera tomarme unos momentos para presentar del tema de la asimilación o, como
frecuentemente se describe en España, la integración.
La capacidad para asimilar a nuestros inmigrantes es uno de los mayores éxitos
de la experiencia estadounidense.
Los retos de la asimilación no constituyen una barrera, sino, por el contrario,
un puente para la integración de nuevos ciudadanos.
Por ejemplo, los hispanoamericanos estamos escribiendo un nuevo capítulo en la
historia de Estados Unidos. Formamos parte de un país en el que nuestra
identidad no es definida por nuestras características raciales, religiosas, o
étnicas, sino por nuestra cultura hispana y nuestra creencia común en la
libertad personal, y el amor a nuestra nación – en algunos casos, adoptiva.
Unos ideales compartidos, con un aprecio común a la historia del país, el
respeto a nuestra bandera y el compromiso a hablar y escribir el inglés.
Nuestra experiencia nos convence de que la integración es fundamental para un
modelo inmigratorio de éxito. Dentro de la asimilación, también reconocemos que
debemos respetar las tradiciones y la cultura que cada inmigrante trae consigo y
quiere mantener.
Por eso, a menudo describimos nuestra cultura como un mosaico en el que cada
pieza conserva su identidad y, al mismo tiempo, forma parte del cuadro total.
El inmigrante no tiene por qué abandonar su cultura, su gastronomía, su lengua o
su música. Podemos usar como ejemplos el Barrio Chino de San Francisco, la
Pequeña Italia en Nueva York, o la Pequeña Habana en Miami, aunque, hay otros
muchos.
En resumen, la asimilación y la diversidad pueden coexistir y de hecho lo hacen
en Estados Unidos.
Como país de inmigrantes que somos, estamos acostumbrados a una frecuente
afluencia de gente nueva y diversa, con ganas de triunfar.
Esta diversidad ayuda a formar una sociedad dinámica y vigorosa, propensa a la
innovación y sin temor a acometer nuevas empresas.
La experiencia del inmigrante aporta mucho a Estados Unidos. ¡Lo he vivido en
carne propia!
Frecuentemente, he compartido mi experiencia como inmigrante en Estados Unidos.
Hoy trataré de hacerlo en muy pocas palabras. Hace casi de cuarenta y siete años
dejé Cuba con quince años de edad. Mis padres, con mucho sacrificio y dolor, me
subieron a un avión para que pudiera escapar de la dictadura comunista castrista.
Me enviaron en busca de la democracia, la libertad de expresión y un sin fin de
oportunidades. Y comencé de nuevo mi vida en Estados Unidos.
Tras terminar el bachillerato, y graduarme en la universidad, trabajé durante
treinta y cuatro años en el sector bancario.
Hace siete años, me jubilé siendo presidente de una de las divisiones del Bank
of America.
Llevo más de siete años trabajando en la Administración del Presidente Bush, en
tres puestos ejecutivos; cada uno muy distinto al otro:
• Primero, encabecé el Export-Import Bank, agencia gubernamental que maneja
anualmente 15 mil millones de dólares en complicadas exportaciones.
• Luego pasé a dirigir los Servicios de Ciudadanía e Inmigración, donde lideré a
15 000 empleados que procesan y adjudican 7 millones de solicitudes de permisos
al año.
• Y, por último, fui nombrado para mi actual cargo de Embajador de Estados
Unidos en España y Andorra.
Todo ha sido un sueño. Mi Sueño Americano. Me adapté, sobreviví y prosperé
personal, familiar, intelectual y profesionalmente.
El Sueño Americano ha sido igual de importante, y especial, para otros muchos
inmigrantes en Estados Unidos.
Gente de muchas procedencias ha viajado a Estados Unidos durante los últimos
doscientos años. Han adoptado el país como suyo y, a su vez, el país les ha
adoptado a ellos. A lo largo del proceso, han tenido la oportunidad de cumplir
gran parte de sus sueños.
En resumen, los inmigrantes hemos contribuido enormemente a crear los Estados
Unidos de hoy. Dentro del marco constitucional, seguiremos moldeando el futuro a
nuestra semejanza colectiva.
Conclusión
Quiero concluir con una observación. Cada país puede, y debe, debatir el tema de
la inmigración en el marco de sus necesidades y su legalidad. Aplaudo que España
también lo haga.
Sin embargo, he realizado mis comentarios para esta audiencia, no para persuadir
a España del camino que deba tomar en cuanto a la inmigración. Eso le
corresponde hacerlo a los españoles.
Sólo he querido ofrecer un punto de referencia. Espero que quizás pueda
resultarles útil en sus propias deliberaciones, presentes y futuras respecto a
este importante tema.
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El embajador Aguirre en un momento de su intervención en CESEDEN, 24 de
noviembre de 2008 |
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